La Etica Dentro de la Vida Salvaje: Documentalistas de la Naturaleza Necesitan un Codigo de Conducta

Traducido al Español por Karla Munguia Colmenero, Camarógrafa Especializada en Animales y Presentadora.

*The English version of this essay was originally published in the Summer 2011 issue of Documentary magazine, a publication of the International Documentary Association: www.documentary.org

* La versión en Inglés de este ensayo fue publicada originalmente en el Verano del 2011 por la revista Documentary, publicación de International Documentary Association (Asociación Internacional de Documentales): www.documentary.org

En 1958, siendo un niño de 11 años de edad, ví la película de Disney Naturaleza Blanca. Vemos un encantador osezno dar un mal paso en una montaña cubierta de nieve y caer, cada vez más y más rápido hasta perder el control. Eventualmente deja de caer después de estrellarse fuerte contra unas rocas. La audiencia ríe mientras asumimos que la escena es completamente natural y auténtica y de cierta manera, una payasada -- bueno, al menos al principio. De hecho, la escena fue montada de principio a fin, incluyendo el uso de una montaña artificial construida por el hombre y oseznos en cautiverio.

Siendo un adolescente creciendo en Inglaterra, la revista Life publicó una galardonada secuencia de fotografías de un leopardo cazando a un babuino. Era dramática y emocionante. La fotografía final mostraba al leopardo destrozando el cráneo del babuino con su quijada. Más tarde se mostró que fue un montaje en el que utilizaron a un leopardo y a un aterrorizado babuino, ambos en cautiverio.

Cuando comencé a trabajar en televisión, a mis treinta y tantos años de edad, regresé a casa con el filme que acababa de terminar para mostrárselo a mi esposa, Gail. Especialmente le gustó el close-up de un oso grizzly salpicando agua en un río y me preguntó cómo fué que grabamos el sonido del agua cayendo por las garras del oso. Tuve que admitir que mi talentoso ingeniero de sonido llenó una cubeta de agua y grabó el sonido de sus manos y codos salpicando el agua. Después, hizo que el sonido coincidera con las imágenes del oso caminando por el río. Gail estaba atónita, ofendida e indignada-- y me llamó un ‘gran falso'. Después de todo, había hecho un documental, por lo cual esperaba autenticidad y veracidad.

¿Qué problemas éticos ilustran estos tres casos? Primero, engaño a la audiencia mediante el montaje  y la manipulación. Segundo, cueldad a los animales. Y, tercero, un tema ético más sutil, pero sin embargo, vital: ¿Los documentales de la naturaleza fomentan la conservación?

El acoso y crueldad a los animales ha penetrado a la industria fílmica de la naturaleza durante décadas. Este acoso puede tomar forma en todo, desde simplemente acercarse demasiado a los animales dañando su hábitat, hasta violencia deliberada. En el pasado, si un documentalista quería capturar la cacería de un gato montés persiguiendo a un conejo, era una práctica común el obtener la toma con el uso de un hilo invisible alrededor del cuello o pata del conejo para disminuir su velocidad artificialmente. Afortunadamente, este evidente abuso ya no es común. Sin embargo, muchos conductores de televisión como Jeff Corwin, Bear Grylls o hasta el difunto Steve Irwin, todavía atrapan y acosan a los animales para crear entretenimiento.

Sin embargo, y desafortunadamente, el abuso físico de los animales es sólo uno de los mayores problemas en la industria de los documentales de la naturaleza. Demasiados productores recurren a la creación de ‘pornografía natural'-- producciones que se enfocan únicamente a sangre, entrañas y sexo del reino animal. Material gráfico de ataques de tiburón y frenesí alimenticio podrá ser una manera muy emocionante de entretener, pero es irresponsable. Programas como Untamed and Uncut (Cara a Cara con el Peligro) y Man vs. Wild (A Prueba de Todo) describen a los animales como amenazantes en una época donde éstos enfrentan constante peligro. Engañando a las audiencias e inspirando miedo y terror, estos programas de televisión están desalentando la conservación de una manera efectiva.

Cuando los documentalistas presentan a los animales como asesinos o malvados, hacen aún más difícil la tarea de convencer al público sobre la necesidad de proteger a estos animales. Los tiburones, por ejemplo, enfrentan terribles amenazas debido a la contaminación de su hábitat y a la desagradable práctica de la cacería de tiburón para la sopa de aleta. Si los televidentes piensan en los tiburones únicamente como asesinos, va a ser mucho menos probable que actúen para protegerlos y conservarlos.

Inquietudes sobre la ética han estado entre nosotros a través de la historia de los documentales de la naturaleza. Pero fue un hombre alto y excéntrico de Inglaterra, Jeffery Boswall, quien comenzó un estudio sistemático de este problema comenzando en los años 70. Boswall, nacido en 1931, fue productor de la Unidad de Historia Natural de la BBC cerca de tres décadas y es uno de los pensadores más meticulosos y reveladores de la industria.

En una publicación sobre la ética en documentales de la naturaleza en 1988 titulada ‘The Moral Pivots of Wildlife Filmmaking' (Moral Fundamental en Documentales de la Naturaleza), Boswall afirma que cualquier cosa que provoque que un animal se comporte de manera anormal-- por ejemplo, lanzar carnada u ofrecer alimento que normalmente no consume-- constituye engaño a la audiencia. Señala que introducir un animal que no interactúa normalmente con otro-- por ejemplo, un glotón (gulo gulo) y un pitón-- es engañoso. Lo mismo es tener a un equipo de filmación comportándose de una manera en la que molesta el comportamiento de un animal-- por ejemplo, asustar a un ave que anida al acercarse demasiado a su nido.

Otra manera de engañar incluye las exageraciones, dramatizaciones y sentimentalismos. Boswall describe el pecado común del antropormofismo-- o atribuir características humanas a los animales-- como ‘un tipo de mentira' debido a que enseña a las audiencias un mal entendimiento de la naturaleza real en los animales.

Su definición de engaño a la audiencia es profunda. En su mente, incluye pretender que la grabación del canto de un ave se realizó al mismo tiempo que la imagen en pantalla. O grabar el sonido de un abrir y cerrar de un paraguas para pretender que es el ruido de un pájaro aleteando. Boswall afirma que hasta la música puede dar pie a una mentira. Si acompañas imágenes del comportamiento animal con música que sugiere que el animal se está comportando de una manera humana (por ejemplo, haciéndolo ver como si estuviera bailando o sintiéndose romántico), entonces ‘estás engañando a la gente que está experimentando el filme'.

Aunque todas estas declaraciones figuran como engaños en la mente de Boswall, no todas son necesariamente malas. Boswall cree que está en manos de cada documentalista el decidir hasta dónde cruzar la línea-- pero advierte que las audiencias pueden estar sorprendidas al saber hasta dónde han dibujado esa línea recientemente. Hasta documentalistas con una fuerte ideología hacia la conservación, han utilizado carnadas hechas con una mezcla de pescado y sangre para llamar la atención de animales marinos, lo cual puede provocar un frenezí a la hora de alimentarse que no es natural, o el uso de luces brillantes para grabar leones cazando durante la noche, lo cual representa para los leones una injusta desventaja. O si ves a un oso comiendo los restos de un venado, es casi seguro que es un oso entrenado buscando gomitas dulces escondidas en las entrañas del estómago del venado. El dulce da la impresión de que el orgulloso carnívoro está disfrutando de una presa recién cazada.

Permítanme ahora relacionar esta otra historia-- ésta, sobre Randy Wimberg, un cinematógrafo altamente capacitado y experimentado. Hace algunos años, estuvo en el equipo de buceo en Bikini Atoll, en el Pacífico Sur, grabando la vida animal en un área conocida como Shark Pass, la cual tiene una larga congregación de tiburones de arrecife.

Miembros del equipo construyeron una jaula para protegerlo del peligro, pero removieron uno de los páneles para no obstruir la visión de la cámara. El plan era que Wimberg estuviera en la jaula mientras alguien en la embarcación de apoyo lanzaba carnadas al agua para atraer a los tiburones.

Entró en la jaula y fácilmente lo bajaron con una cuerda a 15 pies del bote. Cuando el marinero de cubierta lanzó carnada, grandes cantidades de tiburones de arrecife comenzaron a llegar. Restos de la carnada cayeron en la jaula. Wimberg miraba sin esperanza cómo los tiburones, frenéticos, comenzaban a estrellarse contra la jaula arrancando trozos de la carnada. Pronto, más de 30 tiburones competían por la comida que, o estaba atorada en la jaula, o pasando a través de ella.

De pronto, un tiburón entró justo por el hueco y salió por el otro lado de la jaula, tocando a Wimberg a su paso. Trató de mantener la calma, la cámara todavía grababa. Frenéticamente, trataba de alejar a los tiburones con su cámara, pero tanto los tiburones, como la caranda, eran demasiados.

Otro tiburón se coló por el hueco. Para horror de Wimberg, éste no pasó suavemente para salir por el otro lado de la jaula. El tiburón comenzó a dar vueltas salvajemente en el fondo de la jaula. Wimberg trató de encoger su cuerpo a la esquina de la jaula para escapar del asustado animal. Sabía que el tiburón se sentía amenazado y que podría usar su única defensa-- sus dientes y quijadas.

Wimberg intentó desesperadamente empujar al tiburón hacia la salida de la jaula con su cámara, pero no funcionó. Decidió que lo único que podía hacer era salir de la jaula. Mientras se acercaba a una apertura, sus compañeros en el bote vieron lo que sucedía y comenzaron a subirlo a la superficie. Y antes de que el tiburón pudiera colocarse en posición para morderlo, Wimberg salió de la jaula y trepó al barco. El tiburón, sin heridas, fue liberado.

¿Qué fue lo que salió mal? Bueno, hay una cosa que no les he dicho: El productor posicionó a otro camarógrafo protegido por un traje hecho de metal a unos 20 pies debajo de la jaula para capturar toda la acción. De hecho, el roce de Wimberg con el desastre se convirtió en el punto más alto en el filme. Mi interpretación de este incidente es que todo esto fue para obtener la toma de oro. El productor sabía que mientras más dramática la acción, más exitoso sería el filme. Es por eso que el productor insistió en que el marinero de cubierta siguiera lanzando más carnada. La vida de Wimberg estuvo en peligro con tal de obtener material emocionante que ayudara a aumentar el rating del show.

Dos cosas más: Primero, la audiencia de este filme fue engañada. No sabían de la carnada, así que muchos espectadores se fueron con la idea de que el frenético comportamiento de los tiburones al comer es natural. Y dos, la causa por conservar a la especie fue mal ejercida. En una época donde la población de los tiburones en el mundo se derrumba, los tiburones siguen siendo representados, injustamente, como feroces atacantes.

Podrían discutir que lo que salió mal en el incidente de Wimberg es obvio, pero tomar decisiones  éticamente correctas en el mundo de los documentales de la vida natural no siempre es obvio. Consideremos los siguientes seis escenarios:

Primero, supongamos que estás haciendo un filme sobre chimpancés. Sabes que la violencia (o cualquier otro comportamiento extremo) fascina a la gente y que los chimpancés a veces cazan, al igual que otros primates. Sabes que el espectador quedará atónito, hasta horrrorizado, por la brutal sed de sangre de los chimpancés y que los ratings serán enormes. Pero también sabes que la carne sólo representa el 2% de la dieta del chimpancé. Más bien se alimentan de frutas, hojas y otros materiales provenientes de las plantas. Ofreciendo una serie de cacerías, tu filme muestra más bien una imágen más violenta en la naturaleza del chimpancé de la que en realidad es. Da una impresión errónea. Entonces, ¿el filme no es ético?

Desde mi punto de vista, esto puede no ser no ético, pero me molesta. Yo diría que no se debería de hacer el filme sólo sobre las cacerías. El filme tiene que ser más balanceado, aunque los ratings puedan sufrir.

Segundo, imagina que eres un productor y que quieres la toma de una araña comiendo a una mosca. Es obvio que vas a tener que montar la escena porque no tienes el presupuesto para esperar durante semanas a que suceda naturalmente. ¿Pero qué tan lejos llegarías en el montaje? Por ejemplo, también quieres la toma de una boa comiendo a un chango. ¿Montas la escena, también? En otras palabras, captura a una boa, captura al chango, colócalos en un espacio cerrado y, ¿graba la depredación resultante? Es comportamiento depredador de rutina y ocurre todo el tiempo, y tu filme promoverá la conservación. ¿Los fines justifican los medios? ¿Es ético montarlo?

Yo diría, definitivamente no hagas esto. Es cruel e inaceptable, pero pagarás un precio con bajos ratings.

Tercero, imagina que estás en África con Jeff Corwin y tu meta es que él encuentre un lagarto tan raro, que no se ha visto en 25 años. Este será el clímax de tu filme. Buscan durante días sin suerte, pero finalmente el lagarto es encontrado-- no por Corwin, sino por un guía Africano local que apenas habla Inglés. Pones al animal de vuelta en donde lo encontró el guía y dejas que Corwin ‘descubra' al lagarto y actúe sorprendido para la cámara, y así, capturas un momento altamente emocional en tu filme. ¿Es esa actuación de Corwin, falta de ética?

Yo diría que no deberíamos mentir a la audiencia. Corwin debe entrevistar al guía sobre su descubrimiento aunque en el filme tenga una reducción de impacto emocional y menor rating.

Cuarto, supongamos que estás en el campo filmando a un dragón de komodo. Escuchas que alguien vio a un dragón de komodo nadando en el mar para alimentarse de un desafortunado chivo que cayó de una embarcación local y se está ahogando. Es la primera vez que alguien ve a un dragón de komodo nadando y cazando en el mar y sería un verdadero éxito captar este comportamiento en cámara. Lograr esta secuencia para tu filme te traería un gran prestigio, ayudaría a tu carrera y a pagar los estudios de tu hija en la Universidad. ¿Estarías dispuesto a poner una carnada viva (un chivo) en el agua, para ayudarte a conseguir la toma? Si lo haces, ¿le dirías a la audiencia, o lo mantendrías secreto?

Yo diría que colocar a un chivo con vida en el agua para seducir a un dragón de komodo a que lo cace es cruel e inaceptable.

Quinto, y continuando con el último escenario, imagina que aunque el camarógrafo haya conseguido grabar la secuencia usando una pole-cam (una cámara a prueba de agua colocada en un tubo para que el camarógrafo no tenga que meterse al agua), para agregar peligro a la pieza ‘montada' al final del filme, a ti, como editor, se te ha pedido que edites las tomas del dragón de komodo nadando junto con las tomas bajo el agua grabadas por un camarógrafo submarino-- esto para añadir un sentido de peligro a la secuencia. Las tomas del camarógrafo submarino de hecho fueron grabadas en otra locación sin un dragón de komodo en el agua, así que la secuencia que se te ha pedido editar, no es verdadera. ¿Es aceptable este tipo de engaño?

Yo diría que no hagan esto, porque es mentir; y si lo haces, sé abierto al respecto.

Sexto, y para finalizar, supón que estás filmando tigres cazando a un antílope, lo cual es extremadamente difícil de ver. Encuentras a un pequeño antílope que ha sido abandonado por su madre echado calladamente en el pasto. Es la última tarde de la filmación, tu presupuesto ya se agotó, el clima está empeorando, hasta ahora has fracasado en obtener la toma de oro y estás muy preocupado por tu trabajo. También sabes que a 500 metros está un tigre. ¿Es ético conducir al antílope hacia el tigre sabiendo que, sin su madre, de todos modos va a morir?

Yo diría que no hagan esto porque no pueden estar 100% seguros de que el antílope ha sido abandonado por su madre.

Éstas han sido preguntas difíciles, especialmente si eres documentalista de la vida salvaje, con una familia que mantener y con dinero que ahorrar para tu retiro. ¿Qué podemos aprender de estas historias descritas en estos seis dilemas? Como ya lo he indicado anteriormente, éstos son tres dilemas éticos en los filmes de la naturaleza:

Primero, ¿Las audiencias son engañadas y mal guiadas, y si es así, importa? ¿Cuándo, el artificio legítimo en la producción de filmes, se convierte en un engaño inaceptable? Aquí pienso en sonidos falsos, el uso de CGI para manipular imágenes, y el uso de animales en cautiverio que aparentan estar libres. Recientemente vi un material extraordinario de un puma cazando a un osezno. Parecía genuino y de ninguna manera falso, pero, de hecho, todo fue cuidadosamente escrito en un guión y filmado con animales entrenados para reservas.

Segundo, ¿Los animales son acosados y molestados durante las filmaciones, si es así, importa? Hace poco supe que un documentalista tranquilizó a una hiena y abrió su piel para poder implantarle un GPS y poder encontrarla fácilmente.

Y tercero, ¿ha avanzado la conservación gracias a estos filmes? ¿Importan? Sería fácil y engañoso declarar que The Cove todavía no ha detenido la matanza de delfines en Taiji, Japón; que Food Inc. todavía no ha llevado a las audiencias a cambiar sus hábitos alimenticios; y que The End of the Line todavía no ha reducido la sobre-pesca en nuestros océanos-- fácil y engañoso porque donde estés parado en ese problema, depende de dónde estés sentado. Si eres un delfín en Taiji a punto de ser destazado, entonces bien podrías pensar que el filme ha fracasado en avanzar hacia la conservación. Pero si eres un espectador conmovido por el filme que demuestra en el exterior la barbaridad que rodea la cava donde se realiza esta matanza, y la prensa cubre tu historia y más atención es enfocada a este problema, entonces el filme podría ser un éxito en términos de conservación.

Cuando comencé a trabajar en la producción de filmes sobre la vida salvaje, inocentemente pensé que el número de personas viendo un programa me decía algo sobre el impacto en la conservación. Claro, no es así. Los ratings (o las ventas en taquilla) y el impacto en la conservación son muy diferentes. También pensé, inocentemente, que todos los que veían los programas serían influenciados de alguna manera, pero la verdad es que la mayoría de las personas ya llevan credenciales de ambientalistas cuyas opiniones no serán cambiadas por el programa.

Lo que me hace cuestionar los logros en conservación en filmes ambientalistas o de la vida salvaje, son los productores que con aire de satisfacción declaran que sus filmes han hecho maravillas por la conservación, pero cuando se les pide evidencia, mencionan haber recibido algunos correos electrónicos de admiración-- los cuales pudieron haber sido escritos por personas dedicadas a la conservación. O señalan los impresionantes ratings o las ventas en taquilla, como si el número de espectadores fuera un sinónimo de conservación.

Despertar conciencia es bueno, pero los resultados son los que cuentan. Si las mismas cantidades de delfines en Taiji todavía siguen siendo masacrados, es justo preguntar: ¿Qué bien hizo The Cove? Sí, hubo mayor conciencia después de que ganó un Óscar, ¿pero la película realmente ha producido resultados de conservación?

Una opción sería formular esta pregunta a los espectadores que hicieron de esta película todo un éxito en taquillas. Después de todo, si un espectador cambia sus hábitos alimenticios después de ver Food Inc., entonces ese espectador tiene el derecho legítimo de decir que el filme ayudó al avance de la conservación. Pero esto puede ser más complicado. Muchos de los espectadores que son conmovidos por un filme pueden calificarlo como altamente efectivo en términos de conservación, pero admiten, bajo presión, que realmente no cambiaron sus vidas en nada gracias al filme. Tal vez encontraron que merece mucho la pena, pero como una distracción temporal, y después de unas horas, básicamente lo olvidaron. Si no tomaron alguna acción, entonces nada ha cambiado. Simplemente fueron entretenidos.

Temo que los filmes sobre el medio ambiente y la vida salvaje no avanzan en cuanto a conservación como podrían o deberían. Si los filmes son para en realidad hacer la diferencia, entonces deben ser el componente de un todo, incluyendo campañas y diferentes plataformas en los medios de comunicación y de acción social. Me deleita que entidades como Participant Media, Working Films, The Good Pitch y ITVS fomenten a los realizadores de filmes a unir fuerzas con ONGs (Organizaciones No Gubernamentales), un componente esencial en su proceso de distribución.

Sin filmes de la naturaleza, la gente tendría muy poco conocimiento de la vida salvaje, pero que estos programas promueven conservación o no, está todavía abierto al debate. Demasiados filmes han fracasado en mencionar la conservación, y algunos hasta insinúan un mensaje de anti-conservación poniendo a los animales como demonios y alentándonos a que les tengamos temor y odio.

Los realizadores de filmes sobre la naturaleza tienen la resposabilidad de promover la conservación porque es lo moralmente correcto, especialmente cuando explotan este recurso para ganarse la vida. Además, los realizadores son investidos en el interés de la conservación: Es imposible hacer filmes de la naturaleza cuando los animales se han extinguido.

En suma, un filme tiene un potencial tan único para impactar a la opinión pública, que es irresponsable fiarse de programas sensacionalistas, incorrectos y destructivos. Las preguntas éticas relacionadas con la industria de la producción de filmes sobre la vida salvaje no son simples, pero por lo menos debemos confrontar el problema sobre la ética abiertamente en lugar de empujar constantemente por el rating, sin importar el costo. Documentalistas de la vida salvaje tienen la responsabilidad de mostrar el mundo natural como es y de una manera en la que inspire a la gente a preservarlo.

 

Chris Palmer es profesor, conferencista, autor y productor ambientalista y de la vida salvaje que, durante 30 años ha llevado más de 300 horas de programación original para la hora estelar de la televisión y la industria de la pantalla grande. En el 2004 se unió de tiempo completo a la Facultad de la American University como Productor Distinguido de Filmes en Residencia de la Escuela de Comunicación. Allí fundó (y actualmente dirige) el Centro de Producción de Documentales Ambientalistas. Su libro, Shooting in the Wild: An Insider's Account of Making Movies in the Animal Kingdom, fue publicado en 2010 por Sierra Club Books y ha sido ampliamente elogiado.

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